viernes, 22 de enero de 2010

¿Sabes dónde estoy?


Tomando café hoy por la mañana me di cuenta de que no estaba ahí. Si, estaban mis cosas, mis libros, mis revistas, mis fotos, pero yo, específicamente yo, no estaba ahí.

Preocupado me vestí, me vi al espejo (que aparentemente reflejaba mi figura), me metí al bolsillo 25 centavos y salí a tomar un bus a alguna parte. No importaba donde realmente porque no me cumplía llegar sino irme. Me fui a buscarme.

En el camino encontré varios episodios de mi vida reciente que me dejaban ver más como un estúpido que como alguien al que se amerite buscar. Pero en mi caso no es que me quedaban muchas opciones. Me fui a la mierda y debía rescatarme, socorrerme u olvidarme. Fui por mí pegando retazos de historias que me daban pistas escuetas de mi paradero. ¿Estaré vivo? Me preguntaba mientras me movilizaba en un bus viendo por la ventana a alguna cara conocida. Pero, ni conocidos ni respuestas.

Me busqué en un La Mayor, que era la nota donde siempre empezaba mis conflictos. No estaba ahí. Me busqué en un sainete, me busqué en el jugo de limón que me daba vida antes de que la “perdiera” dentro de esta búsqueda. Me busqué en miles de nalgas, en miles de fotos, en miles de ventanas y en miles de rostros bonitos que era donde se quedaba habitualmente parte de mi… no, no estaba ahí.

Cansado de los resultados decidí sentarme a escribir para pedirte a ti, que ahora estás leyendo, que si me ves me avises. Hace rato que dejé este cuerpo que vive por inercia para mudarme a no se donde. Si me ves, avísame por favor que se me hicieron largas las noches que no duermo. Avísame porque me sobra un plato en la mesa y una entrada para el cine. Avísame porque al que peino no soy yo: no me río como yo, no vivo como yo, no sueña como yo. Avísame porque la desesperación me está haciendo creer que el tipo este del espejo soy lo que quedó de mi luego del tsunami que me inundó la costa. Avísame por favor.

miércoles, 20 de enero de 2010

¿Lo leerás?


Te escribo a ti sabiendo de antemano que no lo leerás. Pero cumplo con mi función y tu haces lo mismo con la tuya. Te escribo sabiendo que para que puedas leer lo que te pongo deben pasar dos cosas, y según las estadísticas, las dos son improbables: la primera es que me muera; la segunda es que madures.

Te escribo para recordarte que estoy aquí y para recordarme a mi que no necesitas que te lo recuerde. Te escribo para descargar la mochila que he llenado de paradigmas. Me siento como el niño que a la hora de dar la cara solo deja asomar la mano con la resortera… ¿Soy culpable? ¡Claro que lo soy! Soy culpable de aparecer inocente en un juicio que nunca me seguirás, soy culpable de haberte pensado con anterioridad y de haberte invitado a tomar un helado que dejó una cola de recuerdos que cuando me muera serán difíciles de borrar. Soy culpable así el jurado diga lo contrario luego de verme la cara de bueno que me cargo.

Te escribo sabiendo de antemano que no leerás ni una línea, que no te lo contarán, que no lo escucharás por accidente y que no está publicado en un medio al que tengas acceso. Te escribo porque tengo ganas de hacerlo. Te escribo porque hoy decidí abanderar la lucha de las causas perdidas, por eso te escribo.

No espero nada porque dejé de creer en los milagros desde que el año pasado que no fuimos al mundial: tantos rezos, tantas velas, tantas procesiones, tantas vírgenes (considerando que la virginidad es hoy por hoy una mancha más que una virtud) y nos quedamos con la camiseta comprada… Solo espero que lo sientas, que mis palabras te lleguen como brisa, como tarde soleada, como arena en el pelo, como un resfrío que se te meta dentro… solo eso espero.

martes, 19 de enero de 2010

Ahí estás


Se que estás ahí. Puedo olerte a kilómetros. Se que vives en la sala vip de un aeropuerto donde nunca llegan los aviones. Se que te bajaste del mundo porque iba muy rápido.

Puedo oler tus dudas, los instintos que te delatan, que te adornan. Se que estás ahí detrás de un simulacro al que por costumbre llamaste “vida”. Se que vives en la casa donde duerme el sol. Se que me recuerdas y que cada línea te permite escucharme… en silencio. Se que la vida te puso en el camino del olivo, del néctar salado que dejas como evidencia en la escena del crimen: para ser más culpable de lo que ya eres. Puedo escuchar como parpadeas frente a la pantalla. Es más, puedo oler tu respiración y puedo distinguir en ella el cambio de tu ritmo cardíaco. Estoy aquí, viéndote desde este párrafo, desde esta zanja en la que me auto exilié.

Dudas, como ya dudaste. Recuerdas, amas por ratos y te niegas. Sueñas en las fantasías que guardaste en la caja fuerte de tu moral. Aun puedo olerte en el horizonte celeste de mis conversaciones solitarias. Ahí estás por más que quieras esconderte.

lunes, 18 de enero de 2010

Imaginándote


Hoy te vi en la esquina de algún recuerdo borroso. Te vi en la saliente del sol y en el ocaso de mis sueños. Te vi entre la niebla y la lluvia, entre la sal y la arena. Hoy te vi y me veía a mi mismo con nostalgia y con pena. Hoy “nos” vi aunque suene cursi. Hoy estuve detenido en medio de los escombros que me dejó tu noticia y me vi empolvado, como esos bomberos rescatistas que darían su vida por la de otro… así de empolvado pero no así de solidario. Hoy me vi en un estado lastimero, lastimoso… lastimado. Hoy te vi con otra ropa, con otras joyas, con otros tiempos. No me di cuenta que en tu agenda no había espacio para mi nombre ni para mis actos circenses de payasadas rutinarias. Hoy te vi segura, imponente, envidiable. Hoy me vi dependiente, equívoco, impersonal. Yo no veo bien y sin embargo te vi y me vi. Con estos lentes gruesos no se escaparon los detalles de tus traiciones y las mías. Hoy fui lo que debí ser siempre: nada.
Hoy estoy, mañana estuve aunque gramaticalmente parezca una herejía. Hoy vivo y muero por cientos, por miles. Hoy, como el ave Fénix, salgo de mis propias ruinas para rogarte que no me compres pasaje de regreso. ¡Y es que no quiero volver! Déjame en la siguiente estación que estaré bien, no importa si es invierno, ¡déjame en la próxima estación!
Hoy te vi arrepentida. Mi desconfianza bordea tus cumbres, tus almuerzos, tus medias tintas. Mi desconfianza te acompaña como una morbosa mascota salvaje que se come lo bueno. Mi desconfianza aterriza en cada una de tus pistas. Yo estoy en cada halago pero también lo estoy en cada insulto. Yo soy un insulto personalizado. Hoy te vi en la cafetería con el que quiso ocupar mi lugar a medias; es decir, con el que solo quiso la fresa y dejó el pastel para el resto. Hoy te vi pasar agarrada de un recuerdo que nunca viví… y me dirás ¿cómo lo recuerdas entonces? Y te respondo con esa enfermiza tristeza que ahora me agobia: imaginándote.

miércoles, 13 de enero de 2010

Ya me fui


Por más que las redundancias golpeen furiosamente mi muelle, y por más que tu recuerdo sea la valla que algún publicista puso frente de mi casa, no tengo más opciones que respirar al unísono de mis suspiros. Por más que las estupideces que pienso sean eso: estupideces, y por más que las soledades acumuladas me sirvan de compañía, vivo por no hacer otra cosa mejor. Por más que las aventuras se alejen más de mi agenda y mi calendario se haya quedado en el primero de enero, suenan igual las zambas y duelen igual los valses que me hablan de ti.
Hoy tomo mi maleta imaginaria para hacer un viaje imaginario. Seguiré a tu lado pero me fui hace una hora y media. Estoy pero dejé de estar: deja tu mensaje luego de escuchar el tono.

jueves, 7 de enero de 2010

Hoy aprendí


Hoy aprendí que la justicia es una venda sobre las pupilas dilatadas de la inocencia. Aprendí que un tabaco de marihuana no es un escape sino solo una puerta. Aprendí que a las mujeres les gustan los hombres imbéciles y que a muchos hombres imbéciles les gustan los hombres solteros. Aprendí que soledad es una palabra que vive en la misma cuadra de mi casa. Aprendí que las nubes no son un adorno sino una alcahuetería que utiliza el sol cuando tiene pereza. Aprendí que los niños son buenos así hagan cosas malas. Aprendí que lo único medianamente relativo es el planteamiento de la ley de la relatividad. Aprendí que sentado se ve mejor el partido. Aprendí que la testosterona se puede mandar por mail. Aprendí que la gente que te hace cosas bajas muchas veces es alta. Aprendí que la muerte es un regalo que Dios nos tiene reservado para cuando decida jugar con nosotros al amigo secreto. Aprendí que Lucifer es un caballero de corbata importada que todos los días lanza los dados sobre la mesa, pero no siempre gana. Aprendí que ganar es ganarse. Aprendí que las cosas de grandes son exclusivamente para los grandes. Aprendí que lealtad es un valor con el que obligatoriamente debes salir de tu casa, caso contrario corre el peligro de ser “relativo”.

Cuando hablar es reiterativo


Cuando las palabras no dicen nada lo tendrán que hacer los silencios. Cuando las palabras se sofoquen en torpes ruidos inentendibles, será la calma la que tome la batuta de la orquesta. Cuando yo te diga lo que no entiendes y te busque en la ausencia de tus frecuentes desapariciones, ese día sabrás que estuve siempre ahí así no me hayas visto. Y es que fui tu espalda, tu codo, tu nuca… fui el que estuvo ahí así haya pasado desapercibido.

Cuando la tormenta deje de azotar mi primero de enero, en ese momento te miraré a los ojos y te diré: “lo logramos”. Como el soldado que pretende cantar victorias antes de pelear; o como el corredor que celebra el triunfo antes de su carrera. Así de irónicas y patéticas son mis escenas póstumas con las que quiero enterrar la avalancha de recuerdos, deducciones y suposiciones.

Cuando las palabras son una hilera torpe de sonidos es cuando hablan las manos, los ojos, las ausencias y este papel que aguanta todo. Cuando las palabras se van de la boca para posarse atrevidas sobre las inconsistencias uno preferiría que nunca hayan aprendido a volar. Cuando las palabras enamoran y luego hieren son cuando realmente se valoran antes de salir de la boca. Cuando las palabras se caen al piso y se rompen como vajilla fina, como la luna cuando se rompe en las ondas del agua, uno sabe que ya no valen para nada.

Cuando las palabras salen de la boca del desprestigio o de la boca del adulterio, pueden ser tranquilamente sembradas en el patio trasero del infierno. Cuando te dije que te amaba estaba loco… no era cierto. Hoy esa locura se ha ido regando por el cuerpo como tumor maligno. Me recorre, me intimida.

Cuando las palabras dejan de ser palabras la vida también se detiene para replantear la jugada. Jaque mate, una mentira más una palabra menos.

lunes, 4 de enero de 2010

La fidelidad: un supuesto no consentido



Yo podría creer en la auténtica fidelidad en culturas como las de Oriente donde, en gran medida, el espiritualismo tiene un fuerte asidero. Pero dentro del mundo occidental es simplemente un supuesto no consentido. La fidelidad se ha convertido en una de esas fantasías que los medios de comunicación venden como verdades. Entre ellas también están “el espíritu navideño”, la solidaridad, y un sinnúmero de intangibles que los comerciantes aprovechas para sacar tajada.

Dicen los orientales que somos un espíritu en un empaque al que llamamos cuerpo. Por consiguiente el cuerpo es secundario. La belleza, partiendo de esta lógica, nace dentro y no se hace fuera. Por eso es que Teresa de Calcuta era hermosa: nunca necesitó de Calvin Klein; nunca se puso un reloj de Cartier; nunca usó un levantacolas ni fue a un gimnacio; nunca tuvo un auto del año, pero sin embargo con solo ver su rostro uno sabe que podría haber ganado un concurso de belleza. Era hermosa. La vejez nunca fue su compañera de viaje.

Por eso es que en el occidentalismo, con este irresistible morbo que tenemos por lo material, la fidelidad encuentra un enorme caldo de cultivo. “Qué buen culo”, “Qué ricas tetas”, “Qué piernas”, “Qué auto”, “Que bien huele”, “Que bien se viste”, “Que tarjeta de crédito tan generosa”, etc., etc., etc. Somos un cuerpo que hay que saciar. Somos un enjambre de hipócritas que con el discurso de lo moral y lo bueno en la punta de la lengua, pensamos con el bolsillo y los genitales.

Hablaba con un sicólogo cristiano – evangélico y me decía que dentro de sus pacientes, hay más infidelidades a nivel de sus coidearios (o “panderetas” como les dice un amigo) que entre los ateos. Les digo ateos sabiendo de antemano que no lo son. Muchos dicen ser católicos pero como el mismo Cristo enseña: “se puede separar el trigo y la cizaña solo cuando dan fruto”, más claro, por sus hechos los conoces. ¡Una población infiel dentro de la iglesia! Eso si es la gota que derrama el vaso.
Yo hablo con propiedad de este tema porque he estado en ambos lados. Pero no es sino al estarlo en que aparecen acólitos que se van identificando dentro del “club”. Amigos, amigas, hermanos, sobrinos, tíos, vecinos, la mayor parte han estado en uno de los dos lados. Pero claro está, ninguno de los traidores se siente culpable sino “valiente” y ninguno de los traicionados se siente valiente sino “herido”. Pero todos tienen esa doble moral del “yo nunca” que es tan nuestra y tan falsa.

Los mozeros y las mozas son parte del paisaje urbano que vino de la mano del progreso. Los trabajos son esos grandes night clubs que acaparan, promueven y socapan a centenares de “buenos hijos de Dios” que van por la vida con esa filosofía tan suya: “chulla vida”. En el camino quedan los escombros de lo que un día fueron familias estables y felices… por eso es que las sociedades occidentales son más débiles que las orientales. Pero el occidentalismo también nos ofrece la solución: grandes bares donde las penas se disuelven en exóticas bebidas anestésicas y grandes centros comerciales donde la pena se esconde detrás de bambalinas.

La fidelidad es una de las estampas que vamos dejando atrás: como las torres gemelas o el rostro de la princesa Diana. Es una de esas cosas viejas que hay que replantear para que el mercado pueda volver a ofrecérnoslo “reeditado”. Tal vez vuelva un nuevo estilo de fidelidad en tríos o cuartetos. Tal vez. Yo me quedo sentado frente a la ventana con la cobarde apreciación del observador… no emito juicios ni tomo partido.

La fidelidad es de esas piezas de museo de grandes inventos que uno ve detrás de la vitrina con nostalgia mientras se susurra para uno mismo: ¡cómo servía!

jueves, 19 de noviembre de 2009

¡Qué nota!


Recibí este correo de un buen amigo y me pidió que lo publicara en este espacio. Me pareció muy interesante así que lo comparto con ustedes.

" ¿Cachas?

Estábamos el otro día, acostados viendo la televisión, mis hermanos y Yo, y dio una propaganda donde promocionaban unas galletas, el trasfondo de la propaganda era, obviamente, “compren mis galletas y cambiaremos al mundo con abrazos y besos”, pero me llamo la atención el coro de la propaganda… decía así… “cambio un No por un Si bemol”. Para entender esta vaina tenemos que entender la figura de la frase, es una especie de metáfora que pretende cambiar una actitud negativa, por la música (idioma universal = amor), que coincidencialmente, una de sus notas es Si, pero le añaden la palabra Bemol; tal vez porque la estructura de la melodía no encajaba con la letra, así que aumentaron el “bemol” para que coincida el tiempo y la letra de la canción, o simplemente no tuvo un fin especifico, pero ahí si, ni como saber.

Primero entendamos que es el Si Bemol, si es la séptima nota musical empezando desde Do, y bemol no es más que una alteración de medio tono descendiente, que toma el nombre de la nota que le precede descendientemente (es la tecla negra que esta antes del Si).

Siguiendo con el tema, me puse a investigar que tenía de particular el Si Bemol, y me encontré con una sorpresa. En el Medievo el Si Bemol (no como nota, sino como acorde = unión de dos o más notas) también era llamado Trítono. Este acorde tiene un sonido oscuro y siniestro es por esto que en el Medievo lo denominaron diabulus in musica (el diablo en la música), y era un intervalo prohibido de tocar, y el que llegaba a hacerlo su castigo era la hoguera.

La iglesia pensaba que el diablo se colaba en la música a través de este acorde, así que evitaban a toda costa tener que relacionarse con esta armadura de acorde. Fue Guido D’Arezzo quien puso nombre a las notas y al Do en primer lugar (tomados del canto monódico y su texto ''Ut queant laxis'' ), y ahí empezó la enigmática y tentadora Si. Se la denomina a veces la nota del progreso y del renacimiento. Otra cosa curiosa es que durante toda la Edad Media la armonía no dispuso de los 7 acordes de las 7 notas, sino de 6. El 7mo acorde, el poseedor del trítono, fue sepultado y olvidado.

El Trítono es un intervalo, en la escala mayor, formado entre el cuarto y séptimo grados de la escala (por ejemplo, fa y si en la tonalidad de do mayor) Entiéndase, Do como primero, Re como segundo, Mi como tercero, etc.

Pero no siempre fue así, antes la afinación era distinta: los materiales, cuerdas de tripa de los instrumentos solo resistían una afinación mas baja. Recién J.S. Bach con su obra ''el clavecin bien temperado'' determina teóricamente todas las tonalidad mayores y menores y en forma cromática (do do# re re#...) de la escala conocemos.

Si tienen cualquier tipo de instrumento, toquen Do y Fa# (la nota negra después de Fa) y van a ver lo macabro que se escucha.

El trítono en la actualidad esta en casi todo, en el tono de encendido de un Mac, en la sinfonía de Los Simpson o en la banda sonora de West Side Story.

En conclusión y a lo que iba, se imaginan donde esta propaganda hubiera salido en la edad media, todos los editores, productores, jefes de marketing, y todo el staff que participó en esta propaganda ya estuvieran atados a un madero quemando sus ideas literalmente.

La moraleja de todo esto es que siempre es bueno investigar, que tal si algún día damos con un tesoro escondido que nadie se dio cuenta que existía o peor aún, no vaya a ser que algún día viajemos en el tiempo a la edad media y justo en la guitarreada de conquista nos mandamos el tritono, y no regresamos más!."


El rockero que nunca vistió de negro
tony_maestro@hotmail.com

miércoles, 28 de octubre de 2009


“REUTERS
WASHINGTON.- El consumo de tabaco causará la muerte de seis millones de personas en el año 2010, debido al cáncer, la enfermedad cardiaca, el enfisema pulmonar y otras complicaciones, según se desprende de un informe de la Sociedad Americana del Cáncer publicado esta semana.
El nuevo Atlas del Tabaco de la sociedad estima que el uso de esa sustancia cuesta a la economía global 500.000 millones de dólares al año en gastos médicos indirectos, pérdida de productividad y daños ambientales.
"Los costes económicos totales del tabaco reducen hasta un 3,6% la riqueza en términos de producto interno bruto (PIB)", señala el mismo informe.”


Con este dato me da chiste oír a Humberto Mora, gerente general de Itapsa en el programa de Diego Oquendo y a los representantes del sector en el programa de Bernardo Abad, al Caer el Sol. Carajo que descaro. Ellos muestran sus cifras para que la gente se compadezca de las 1200 familias que directamente se quedarían sin trabajo al momento de cerrar operaciones las tabacaleras en Ecuador. Yo muestro las mías. ¿Por qué no se habla con valentía de esto? Porque la publicidad que generan los cigarrillos es apetecible para los medios de comunicación. ¡Solo por eso!

Los ciudadanos debemos tomar cartas en el asunto. No nos pueden seguir envenenando a cuenta de que pagan 120 millones de dólares de impuestos anuales. Cuánto cuesta la vida para esta gente.

viernes, 16 de octubre de 2009

El payaso macabro


He tenido en estos días, comentarios de ciertas personas a quienes les incomoda mi forma de pensar. Por esa razón me gustaría aclarar algunas cosas interesantes:

1. Si tienes el coraje de escribir frases bíblicas, deberías tener el mismo coraje para poner tu nombre.
2. Si creen que sus postulados me mueven filosófica, ideológica, teológica o personalmente, déjenme decirles que se necesita más que una pobre sopa de letras para lograrlo. tengo mi criterio formado y difícilmente un filósofo de barrio o un teólogo de tiempo libre van a hacerme "pensar"... más bien me hacen reflexionar en la razón por la cual el cristianismo hoy en día se ha vuelto tan endeble y frágil: cualquiera interpreta lo que le da la gana y no tiene la más mínima verguenza para abrir la boca.
3. a mis detractores les recomiendo: lean.
4. se rebate una posición desde la lógica y no desde el estómago. Me encanta tener gente en contra porque eso me permite superarme cada día más. Voltaire (que me imagino que mi detractor pensará que fue un arquero de fútbol o un cantante...) dijo: "Señor, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo mismo". son los enemigos los que te mantienen despierto.
5. Luego de que me critican y se burlas me dejan frases finales como "Bendiciones". señores, la iglesia se desmorona por su culpa. HIPÓCRITAS, son ustedes los que defraudan al protestantimo y no los que nos retiramos para guardar coherencia en nuestras vidas.
6. finalmente apelo a la coherencia. se lo que quieras ser pero responde a eso con tu vida. Si finalmente decides ser "malo", selo pero bien. Para los que el cristianismo les quedó grande y creyeron que con un versículo bíblico dejaron de ser la basura que eran antes de su conversión, este mensaje es para ustedes. Conozco muchos que se han alejado por ustedes y finalmente, en el día postrero, serán ustedes los que personalmente den cuentas y no las sopas de letras y el desperdicio de saliva con el que creen adoctrinar al mundo.

reciban este mensaje con la alegría con la que habla el matías de siempre. Gracias por no dejarme dormir.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Yo propongo mejorar el mundo


Para ellos me pintaré la cabeza de amarillo; viajaré en moto por todo el Ecuador; me besaré con un cocodrilo; saldré en la televisión disfrezado de globo terráqueo; y finalmente, cantaré con Juanes en Atucucho...

Si el mundo cree que esta es la manera, tal vez el tonto aquí sea yo.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Nuestros intereses y sus intereses.


Es interesante ver como los políticos y los ciudadanos tenemos agendas tan separadas. Lo que a nosotros nos interesa no es, necesariamente, lo que a ellos les importa. Aplaudo la iniciativa de este gobierno en torno a la participación de la ciudadanía en los procesos. Hoy fui a Radio Pública: MI RADIO. Me llena de satisfacción saber que, si bien no es todavía lo que quisiera, no es menos cierto que por lo menos ya tengo un espacio al igual que cualquier otro ciudadano.

Pero sigo viendo con frustración y pena cómo ciertos aparecidos siguen haciendo su agosto con los recursos públicos. Aúpo cada intento desde la ciudadanía para mejorar nuestro entorno a través de la honestidad y la transparencia.

Los ciudadanos somos más. Por ese motivo es hora de dar guerra a la corruptela y a la idiosincrasia del oportunismo político.

martes, 8 de septiembre de 2009

¿De que lado eres?



Creo que el gobierno y la oposición nos pusieron en la difícil tarea de la definición categórica: somos de un lado o de otro. ¡Esto es ridículo! A mi me gusta el Quito pero no soy taxista; también me gusta ir a la playa pero no soy pelucón; estoy de acuerdo con la posición de los ecologistas en relación a la ley de agua pero no soy de Sociedad Patriótica (y Dios no lo permita); aplaudo la posición de mi presidente con relación a su política internacional pero no soy de Alianza País; me gusta el rock gringo pero no sus bases militares en todas partes; admiro al pueblo cubano pero no a su gobierno que tacha de imperio a los EE.UU. luego de que otro imperio, la URSS, les dio plata por 30 años; apoyo la lucha GLBT y creo en Dios, es más, leo en el Nuevo Testamento a un Cristo que fue muy cercano a estas minorías que ahora sus “fans” (que crecen en iglesias opulentas y ostentosas) desprecian, relegan o ignoran; me gusta Silvio pero también The Doors. En definitiva, soy tan global como tu. No creo que la lucha esté en un lado u otro. Somos un universo de posibilidades. Soy un derecho izquierdista convencido.
Te invito a discrepar con eso que te venden como VERDAD ÚNICA. Ese mal del que padece la iglesia ahora ha mutado a otras esferas y eso no favorece la participación de una ciudadanía libre.

miércoles, 26 de agosto de 2009

El poder y sus estupideces.


Este es un corto pero contundente cuestionamiento al poder. Me parece ridículo que el pueblo llano no tenga la posibilidad de entender los dejes y manejes del poder. Para que el pueblo ecuatoriano pueda entender la constitución se requiere de un abogado constitucionalista. Para que el pueblo llano pueda entender la Biblia, se necesita un cura, un pastor o un exégeta. Para que el pueblo llano pueda entender un partido de fútbol necesita de un especialista…. Que estupidez. El momento en el que el pueblo no puede comprender por si mismo el sustento del poder, este se convierte en ilegítimo. Osea –para que no se necesite de nadie interpretándome- como me puede representar alguien al que no entiendo.
Dios, en su perfecto amor, me habla por medio del abrazo de un amigo, del beso de mi madre o de la alegría de poder despertarme. Eso no necesita de intérpretes. Las leyes basadas en el amor me enseñan que yo no tengo derecho de hacer nada en contra de nadie y que, por consiguiente, nadie tiene el derecho de hacer nada en contra mío. Eso es el mejor marco constitucional que está más allá de cualquier postulado intelectual. No todos nacimos en hogares educados y con posibilidades de ir a la universidad. Pero todos nacimos con sentido común. Es por eso que cuestiono al poder el momento en el que éste no apela al sentido común y en nombre de Dios, del Estado o de un equipo de fútbol, se mata, se vulnera o se agravia a otro individuo, segregándolo por ignorante.

Estoy convencido de que el momento en el que el poder permita que nosotros podamos acceder a sus reglas sin intermediarios se desplomarán muchos negocios, entre ellos: la dirigencias deportivas, las iglesias y el gobierno.

Obra por amor y deja que este sea la regla que te conduzca. Ama al que no te conoce para que el que no te conoce te ame. Piénsalo.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Hagamos el amor



El amor, al igual que el odio tienen una particularidad: te invitan a la acción. Por eso hacer el amor no es solo el acto aquel que el occidentalismo manosea en la pornografía. No. Es el hecho de empezar a vivir lo que se siente. Hacer el amor es inventar todo el tiempo el bienestar del prójimo. Pero la iglesia, el gobierno y la filosofía, se han inventado un sinnúmero de maneras de hacerlo sin muchos resultados. Por eso este es un artículo pequeñito. Lo que busca es invitarte a pensar en el resto. Es fácil, sumamente fácil hablar y teorizar, pero en hacer es donde se caen las más complejas teorías. Si SOLO POR HOY aceptas este reto o esta invitación, juntos experimentemos qué pasa. Mira, el rato que yo me preocupe por ti, así no te conozca, dejaré de arrojar a la basura mis pilas viejas. El momento en que yo me preocupe por ti, dejaré de gastar tanta agua en lavarme los dientes. El momento en que yo me preocupe por ti dejaré mi auto parqueado y tomaré un bus. Ves, quisá no puedas ver el resultado, pero te aseguro que si miles leen este blog ahora, el mundo mejorará aunque sea un poquito. Te invito a pensar en 5 cosas que puedes hacer por el resto. Ojo, independientemente a si la gente te felicita, te agradece o lo conoce. Solo hazlo, empecemos a hacer política de verdad, no esa absurda donde los pájaros les disparan a las escopetas.

Luego de esta experiencia te invito a que me escribas un comentario en este blog y podamos compartirlo entre todos.

Si, definitivamente es más cómodo ir a la iglesia y darse golpes de pecho… la elección es tuya.

domingo, 9 de agosto de 2009

La plata no es la felicidad pero, ¿ayuda?


Ayuda a pagar las deudas que no existieran si no hubiera plata. Ayuda a comprar los zapatos de marca que te hacen “feliz” cuando les enseñas a tus amigos, competencia absurda que no existiría sin plata. Ayuda a impresionar a gente que no conoces pero que si no existiera el poder, no necesitarías impresionar. Ayuda a ponerte nalgas de plástico y senos acrílicos que no son sino una más de las estupideces del glamur y la ridícula aceptación social que nos trajo la plata. Ayuda a que las mujeres se fijen en uno, en un mundo donde más que el ser humano importa la plata… en fin. Visto así, claro que ayuda.

Cada cosa que hacemos responde a un “por qué” filosófico. No utilizamos la taza del baño en vez de la maseta del patio porque es más bacán… ¡NO! La utilizamos porque nuestra cultura prioriza la higiene y el servicio higiénico es un invento que se popularizó y avala ese trabajo. Así mismo todo lo demás. Las cosas vienen de un “por qué” y la respuesta de ese “por qué” es la que nos da luces para saber que nos estamos desviando. Voy a citar varios ejemplos cotidianos para que te des cuenta de que el occidentalismo consumista nos está distorsionando la forma de pensar.

La Iglesia
Cuentan los “Hechos de los Apóstoles” que la comunidad cristiana primitiva era desprendida de los bienes materiales y que los que tenían algo vendían sus bienes para dar a los que no tenían nada. Hoy, en la iglesia en general, se habla de la filosofía cristiana en dos secciones: la una es la referente a todo lo que no tenga que ver con dinero; y la otra es aquella donde interviene el vil metal. Así, el pastor o el sacerdote nos hablan de los valores que nunca pasarán de moda: honestidad, verdad, pulcritud, responsabilidad, etc. Dicen que esto fue lo que Cristo nos enseñó. Pero al llegar al desprendimiento, parecería que utilizan otra Biblia. El 99% de pastores y sacerdotes no tienen las agallas para predicar sobre el desprendimiento. No tienen el coraje para formar sociedades que no giren en torno al dinero como lo cuenta la Biblia. Saben que el rato en que dicen una verdad como esta: “se les acaba el negocio”. Es cuestión de ir a una iglesia evangélica o católica “aniñada” y ver como se pasean vergonzosamente las marcas más caras en un desfile de modas inmundo. Dentro de los templos se ven las “bendiciones” y fuera de los templos las “contradicciones”. Eso fue lo que hizo la plata. Creo a oportunistas que predican idioteces separatistas en vez de mensajes de unidad. Las iglesias necesitan hoy más dinero que nunca. Hay que levantar estructuras, hay que pagar al pastor, hay que comprar carro para la misión, hay que bla bla bla. Pero fuera está el hambre que poca o ninguna esperanza tiene en el fariseismo barato. Si no me crees constátalo.

Los matrimonios
Los matrimonios, los bautizos, los cumpleaños y todos nuestros eventos sociales cumplen una función filosófica especial. Los matrimonios tienen el propósito de unir a una pareja por acción de la ley o la religión. ¡Este es su propósito! El bautizo tiene el objetivo de iniciar a un niño o un adulto dentro de la fe religiosa. Los cumpleaños son fechas donde recordamos que nacimos y que cumplimos un año más de vida. Pues bien. Hasta ahí no hay problema. El lío viene cuando el capitalismo consumista arrasa con los propósitos y nos impone “costumbres” que despiertan hábitos de consumo. Por ejemplo: ¿No les parece ridículo que un evento íntimo como el matrimonio, hoy se matice con una lista de compras que los novios envían a sus invitados? ¿No es ridículo? Es una indelicadeza absurda que para invitarte a un matrimonio te envíen una cuenta bancaria. Qué pasaría si tu llegas al matrimonio con una artesanía que hiciste a mano que simboliza el amor perecedero. Pues nada, esa es una idiotez para el consumismo y seguramente serás visto, o como avaro, o como pobretón. Los dos son desprestigios típicos de la sociedad de consumo.

Veo con regularidad a parejas gastando comida equivalente a 35 dólares por invitado. Dios mío, ninguna de esas parejas son petroleros ni mucho menos. Son clase media como yo. Los matrimonios son pesadillas que llegan a costar 5, 10, 15 20 mil dólares y me encuentro con parejas que cinco años después de la boda siguen pagando esa noche. ¡Eso es ridículo!

Las mujeres me ven como muy poco romántico y pueda que lo sea. Pero yo en cambio los veo a hombres y mujeres que se prestan para ese “pretexto de compra” como ilusos. ¿Acaso no hay necesidades más grandes dentro de quienes nos rodean, como para desperdiciar el dinero en banalidades como los matrimonios y sus regalos?

El consumo del agua
Tuve la oportunidad de ir a Loja, ciudad de la que me siento hijo, y ver en una oportunidad un sinnúmero de autos sucios. Nadie lavaba los carros y esto era un descrédito -a mi juicio- contra los que yo consideraba los ecuatorianos más intelectuales del país. En la primera oportunidad que tuve me quejé frente a un grupo de estudiantes universitarios y ellos, entre con paciencia y burla hacia mi desproporción, me dijeron: “Mira, en Loja no hay agua. Aquí el que lava el carro en medio de la escasez es mal visto” ¡Dios mío! Era tan sencillo como eso. Si no hay agua para tomar, lo más lógico es que no haya agua para lavar el auto. Pasaba sobre el discurso de poder pagar por el servicio o no.

De todos modos la bambalina que tenemos por filosofía de vida nos dice que no importa cuánto gaste de lo que sea… si yo tengo dinero para pagarla pues ese es problema mío. Y dentro del mismo criterio podría enmarcar la madera, el aire, la cultura o lo que quiera.

Conclusión
El dinero no tiene un “punto medio” hasta que le ponemos. Antes de tener yo puedo anticipar que trabaje en lo que trabaje, no quiero ganar más de 1000, por ejemplo. Esto hará que cuando gane 2 mil sepa que mil están de más y pueda compartirlos y no atesorarlos. Cuando uno es pobre uno busca “aunque sea un carrito que ande” pero cuando el banco nos abre posibilidades para endeudarnos, el carrito que ande debe ser de la casa. Hay que poderle un punto medio al dinero antes de que el dinero se apropie de lo mejor que tenemos como seres humanos que es la capacidad de dar amor.

domingo, 5 de julio de 2009

La grada y los milagros




Mi vida se ha convertido en un cúmulo incesante de milagros. Todos los días me pasan cosas raras de las cuales no hago más que maravillarme. Todo empezó con la lectura de un libro de Deepak Chopra: “El libro de los Secretos”. Para los fundamentalistas, este autor será del diablo… para los creyentes es otra de las señales que Dios nos pone a lo largo de la carrera para saber hacia donde debemos correr.

Realmente creo que no hay coincidencias sino propósitos. Tuve una revelación hace más de un año. En esta comprendí que para buscar a alguien dentro de un tumulto, la mejor forma en subirse en algún lugar más alto. Si, para mi fue una revelación, tal vez para ti sea obvio. Pues bien, empecé a aplicar ese concepto en mi vida personal. Vi, en mi revelación, un gran estadio y un montón de cabezas. Tenía que encontrar a alguien en especial así que me subí en una grada alta desde donde mi visión cambió radicalmente. Desde la planicie solo sentía empujones y no sabía para que lado me llevaba la marea de gente. Pero desde arriba sabía que todos iban hacia una puerta que desde abajo no se veía. Pero lo más sorprendente era que desde arriba se veía otra puerta que no estaba tan saturada de personas pero la gente de la planicie no podía verla.

En mi vida personal aprendí a subirme en la grada cada vez que no entiendo algo. Ayer, por ejemplo, tenía una reunión a las 3 de la tarde. Me pidieron con anticipación que fuera puntual y eso hice. Comí temprano para tener incluso un tiempo para caminar después del almuerzo y digerir mejor mis alimentos. De pronto, recibí una llamada telefónica en que la persona con la que iba a encontrarme me dijo que ya no podía a las 3 sino a las 4. Me pidió mil disculpas y retrasó todo mi horario una hora. Antes me hubiera molestado y hubiera argumentado la falta de respeto al tiempo ajeno y la indelicadeza. Hoy más bien me dio alegría y me subí a la grada. En ella me envolvió un sentimiento de paz. Algo quiere Dios de mi en esta hora hueca. Tal vez que hable con algún amigo, tal vez que reflexione sobre algún asunto en particular o tal vez que me duerma y descanse, ¿por qué no?

Cinco minutos después me llamaron de un nuevo estudio de grabación al que nunca había ido y me dijeron: “Matías, tenemos que grabar contigo. Te pagaremos enseguida (cosa que en mi negocio no se da) pero tendrás que venir hoy a las 3. ¡No podía creerlo! Estoy seguro que si me hubiera molestado, esta oportunidad no se hubiera presentado. Aprendí a subirme en la grada y a agradecer por todo. El Dios de amor que me puso a escribir esto te puso a ti a leerlo. ¿Por qué? ¿Para qué? Tal vez para que empieces a agradecer por esos que llamas problemas. Quisá para que aprendas a ver cada crisis como un escalón que te permite ver mejor el panorama.

Amigo, amiga, el escalón que te invito a subir desde ahora en adelante es el del agradecimiento. Cada cosa “mala” que te pase es un motivo para agradecer. Esa cosa “mala” tiene un propósito bueno. No te das cuenta porque estás en la planicie. Súbete al escalón agradeciéndole a Dios (no importa cuál sea tu religión) por esa maravillosa oportunidad. Vive el milagro de entender que no eres tu quien maneja tu vida. Que nada se mueve por casualidad sino por causalidad. Que las hojas de los árboles no se caen por accidente ni que su fruto se pudre en el suelo por equivocación. ¡No, al contrario! Sin ese proceso los insectos y las aves no se comerían las semillas y no las fertilizarían para que nazca un nuevo árbol. Es decir, NADA SE DESPERDICIA. ¡Nada!

Esa historia que te contaron que te “quitó el tiempo” fue para algo y por algo. No seas pretencioso al pensar que le hiciste el favor de escucharle a quien te la contó porque el favor fue mutuo. Tu necesitabas escucharla, por eso te la contaron, caso contrario, tenlo por seguro, nadie te la hubiese contado. Lo mismo pasó con el accidente que tuviste, con la separación de tus padres o de tu pareja, con la muerte de tu hijo o de tu amigo, con tu discapacidad, etc. No pasaría si no fuera necesario. Pero frente a eso hay dos opciones: la primera es renegar contra Dios, contra tu suerte o contra la vida; y la segunda es subir la grada del agradecimiento y esperar que se manifieste el propósito divino que empezó antes de que nacieras y seguirá con o sin tu comprensión y aprobación.

¿Por qué estás leyendo esto? ¿Para qué? Ten por seguro que las personas que no necesiten esto no lo leerán. Fue hecho para ti y por ti… así tu y yo no lleguemos a conocernos jamás.

miércoles, 24 de junio de 2009

Qué es vivir por amor.


Últimamente me he dado cuenta que lo que llamaba fracasos no son más que directrices que Dios, o la vida si prefieres, nos pone para direccionarnos en la ruta. Hoy, por ejemplo, una chica se subió al bus con un par de amigas e iban leyendo un cuadernillo de esos que recopilan frases trilladas del Internet. Una de esas, la que hizo de altavoz en mi mañana fue: “Todo lo que hacemos invita al amor”. ¡Guau! Deepak Chopra sabiamente dice que hay ciertas frases o situaciones que son solo para nosotros y que nadie más puede entenderlas sino nosotros mismos, él las llama revelaciones. Pues esta fue eso: una revelación. Mi esposa suele decir que no todo es para todos y finalmente llega al mismo punto de Chopra.

Vivir por amor es entender que no somos independientes pues la independencia no existe. No hay un solo animal ni una sola planta que lo sean. O es que el conejo no depende de la hierba y la hierba de la lluvia y la lluvia de sol y el sol del universo entero. Todo es un perfecto engranaje que nos lleva a la reflexión de que somos, como dice Stephen Covey, interdependientes. El rico depende del pobre porque si no dependiera de él no podría ser rico, y el pobre depende del rico porque es él el que le paga el sueldo. Todos pertenecemos al engranaje. Lo que yo hago afecta a un pueblo alejado de China… ¿no me crees? Mira, un mexicano criador de cerdos, sin escuela ni cultura general, fue a los EEUU y contagió de gripe porcina a una profesora que compartió con él el bus. Esta profesora contagió del virus a su clase, entre ellos un hispano que esperaba a su hermano de Ecuador en esos días. El ecuatoriano se contagió y volvió a su país. Por el contacto con él se han contagiado ya un centenar que ni saben de la existencia del mexicano o la profesora. ¿Ven? Todos vivimos en un engranaje.

Cuando lo comprendemos sabemos que todo lo que yo haga le afecta a otro. Si yo como mucho carbohidrato, según la revista de National Geographic, mis excrementos contaminan más al aire de la tierra y favorecen la elevación de la temperatura. Es decir, yo como fideo en Quito, Ecuador, y contamino el aire de un niño en Mongolia.

El capitalismo tradicional nos plantea el enriquecimiento como medida de éxito. Yo soy exitoso mientras más tenga. No importo yo sino lo que tengo. Es por eso que las páginas de farándula, donde quisieran aparecer muchos empresarios que conozco, están llenas de famosos, NO IMPORTANTES, sino famosos no más. Muchos de ellos son pobretones con plata.

Pero vivir por amor es comprender que soy parte de un todo y que debo obrar por amor si entiendo realmente mi misión en la vida: respetar y cuidar la creación y ayudar a su expansión. Porque vivo por amor trato de organizar un proyecto para reciclar; porque vivo por amor me compré una bici eléctrica en vez de ir en mi auto; porque vivo por amor le huyo a toda religión o filosofía que diga que “solo ellos tienen la verdad” porque nuestra verdad es universal y nadie es dueño de ella, etc.

Vivir por amor es entregar sabiendo de antemano que el despojo es el secreto de la riqueza.

Vivir por amor es tolerarte y amarte en tu equivocación… porque puede ser que finalmente la razón ya no la tenga yo. Eso es vivir por amor.

sábado, 13 de junio de 2009

Deja de mentir. Deja de sentirte culpable. Vive para ser feliz.



¿Recuerdas cuando éramos niños? Nuestros padres sabían lo poderosa que es la culpa como herramienta de manipulación (así haya sido para educarnos), y la utilizaban con frecuencia. Por ejemplo yo recuerdo a mi mamá luchando para que comiera –como es el caso de la mayoría de los niños-. Ella me decía: “Uy, mira como te ve ese señor, va a decir QUE MALCRIADO ESE NIÑO QUE NO COME LO QUE LE DA LA MAMÁ…” De esta manera me sentía culpable y comía. O a cuantos no les dijeron que hay muchos niños que se mueren de hambre; o les recalcaron el esfuerzo enorme que hacen los padres para traer un plato de comida a la casa… en fin.
Cuando uno se siente culpable se vuelve vulnerable. He trabajado con adolescentes casi toda mi vida. Una de las herramientas más efectivas que utilizan las chicas que se quedan embarazadas de los novios es decirles: “Bueno pues ahora ándate. Total ya conseguiste lo que querías. Ya tuviste sexo conmigo y me imagino que ahora vas a hacer todo lo que hacen los demás cobardes… huir”. Acto seguido los muchachos se están casando y años más tarde se divorciarán. Casi es una regla.
Como es una herramienta tan poderosa la utilizan los gobiernos, las iglesias y las empresas. El poder utiliza la culpa para sustentar su permanencia. El presidente, sea quien sea, te dice que si no sigues votando por él y los de su partido, volveremos a lo mismo de antes, refiriéndose a las cosas malas. ¿Te has percatado que ningún político reconoce las cosas buenas de la oposición? ¿Crees que es coincidencia? No. En época de elecciones todos te piden el voto a través de hacerte sentir culpable de la crisis del pasado. En realidad no te culpan directamente a ti sino a los políticos por los que tu votaste en el pasado… es decir, no es lo mismo pero es igual.
Los empresarios hacen lo mismo. Los comerciales de TV y de radio están plagados de culpables que hacen las cosas mal hasta que viene el “héroe” que utiliza una determinada marca. Así es como se hace, NO POR COINCIDENCIA, sino con un propósito: que compres. La culpa funciona. Uno de los negocios de mayor crecimiento en la actualidad son los gimnasios y los productos para adelgazar. Ellos saben como jugar con tu culpa. Si por ahí te comes un pan demás o un chaulafán, explícitamente te dicen: “No te sientas culpable” pero entre líneas te dicen: “Siéntete culpable y sin carácter, por tu falta ahora compra.” En los gimnasios veo a muchas mujeres con complejos de culpa tratando de hacer en un día lo que dañaron en una semana. Me he entrevistado con algunos nutricionistas y el resultado es el mismo. Ellos dicen (si no me crees conversa con alguno) que sus pacientes necesitan sentirse mal, sentirse culpables para que el doctor juegue un papel parecido al de un padre que los regañe. Entre los que utilizan los servicios de nutricionistas encuentras frecuentemente la expresión: “Mi doctor me prohibió… pero no creo que se de cuenta”. Necesitan alguien para COMPARTIR LA CULPA.
Pero es la religión la que más ha utilizado la herramienta de la culpa para hacer que la gente sea “fiel”. Mira, “porque pecamos fuimos destituidos de la presencia de Dios”, es decir, somos culpables hasta de las faltas de otros. Hay iglesias donde se justifica la pobreza con la culpa: “No tienes porque no diezmas” o “No tienes porque has de estar en pecado”. En las religiones, incluso en las piadosas como en el budismo, hay que purgar la culpa. La iglesia Católica vendió espacios en el cielo (La famosa venta de las indulgencias) para los que se sentían culpables y querían llegar al cielo “sin escalas”. Pero la religión tiene un agravante y es el de compartir sus culpas con Dios. Creen que deben hacer algo por su prójimo pero como el día que fueron a dejar comida justo el prójimo no apareció, pues la culpa (o el propósito, como te sientas más cómodo en llamarle) es de Dios. Entonces se utiliza el viejo adagio popular: “Dios sabe como hace las cosas.”
El cristianismo plantea como un pecado las relaciones sexuales prematrimoniales. Alguna vez leí una estadística que me dejó perplejo. El 70% de jóvenes cristianos ya no es virgen. ¿Saben lo que significa esto? Por un lado que los jóvenes viven con fuertes complejos de culpa: le fallaron a Dios, a sus padres y a sus líderes. Eso disminuye su autoestima. Por otro lado, al ser un pecado no lo pueden hablar normalmente. Formamos una sociedad hipócrita. Finalmente hay quienes callan, es decir mienten. Pero lo peor es que si les preguntas te dirán que es un pecado tener relaciones prematrimoniales, osea muchos se impermiabilizan. Siguen hablando para afuera así su interior sea totalmente lo contrario.
Pero qué hacer. Lo que llegué a entender es que yo formo parte de un todo. No soy un individuo solitario. Soy un engranaje dentro de la gran maquinaria. Lo que me pasa a mi le afecta a un conglomerado. Por eso decidí ser honesto. No se imaginan ustedes los problemas que he tenido por serlo. El poder nos enseñó que de vez en cuando hay que mentir. Ellos a través de los medios de comunicación y los púlpitos nos mienten todo el tiempo. Es “lícito” mentir. Es más fácil el fallar a una cita y decir que había un tráfico increíble que decir que no tuve ganas y por eso no fui. El ser honesto me ha hecho ver que nadie merece que yo le mienta. Por eso de ahora en adelante cuidaré más mi boca y mis acciones. Ya no hago lo que hacía antes. Recuerdo que la palabra “no” no formaba parte de mi vocabulario. A la pregunta: ¿puedes ayudarnos con…? Mi respuesta era sí. Pero fallé a un sinnúmero de cosas. Hoy en cambio digo: “déjame pensarlo y te aviso”. Suena más ofensivo pero soy honesto. En mi vida en general me ha servido. Te invito a que dejes de mentir por una semana y te darás cuenta de que te resulta sumamente difícil. Muchas de las cosas que vives son mentiras cimentadas en otras mentiras. Para decir una verdad tiene que caerse todo un castillo de naipes y eso es tenaz.
A una cristiana que me atormentaba con el mensaje de culpa un día le pregunté que si ella amaba a Dios sobre todas las cosas. Su respuesta, sin pensar, fue que sí. Pues con sus hechos, de ahí en adelante, le demostré que no. Lo mismo te digo a ti. ¿Amas a Dios sobre todas las cosas? Tus hechos son los que deben decirlo más que tu boca. Si no es así, no creo que sea malo, no creo que seas culpable de nada. Pero la próxima vez que te lo pregunten diles: “Me encantaría que así sea, por eso estoy intentándolo. Pero francamente amo más a mi esposa, a mis hijos, a mis cosas materiales, a mi fama o lo que sea.” Es más duro de decir, pero es más honesto.
Te dejo pensando en la culpa y cómo esta ha hecho que seas lo que el poder ha querido que seas. Recibe un abrazo y hasta la próxima.
Matías Dávila 2010, Todos los derechos reservados. Quito - Ecuador - Suramérica