sábado, 6 de abril de 2013

Todo pasa de moda. ¿por qué no habrían de pasar también de moda las leyes ecuatorianas?



En este momento, mientras escribo esta nota, traigo unos pantalones que me compré hace 4 años. En uno de los bolsillos del vetusto pantalón tengo un teléfono celular que a duras penas recibe llamadas porque me lo compré hace 2 años y todo le va quedando “incompatible”. Fuera del pantalón tengo un matrimonio que con altibajos y “altialtos” ya me dura 13 años y, antes del almuerzo, acabé de escuchar algo de mi colección de “LP´s”, porque me niego a matar al tocadiscos de aguja que agoniza bajo una capa de polvo que no se quiere ir. Debe ser por eso que escribo esta nota en particular… seguramente debe ser por eso.

¡No entiendo la moda! No logro “engancharme” en el concepto de tirarlo todo a la basura cada 15 días para volver a empezar.

Pero si no entiendo este nuevo “evangelio” comercial, peor lo voy a poder entender a nivel ESTATAL. Aquí es donde realmente empieza este escrito. Bienvenidos y bienvenidas.

Hace menos de un año, a algún “iluminati” se le ocurrió que para combatir la delincuencia, los motociclistas debíamos portar chalecos con la placa de la moto impresa en él. Muchos, sin chistar, nos pusimos sobre las chompas esos horribles chalecos para evitar ser multados, más que para contribuir con la delincuencia… en eso hay que ser sinceros. Meses después se derogó la medida: pasó de moda. Por eso es que muchos optamos por “adornar” con el chaleco al monigote de año viejo.

Hace menos de un año a otro fabuloso “iluminati” se le ocurrió que la velocidad máxima para transitar en las urbes ecuatorianas (favor léase correctamente: “URBES” y no “UBRES”), era de 50 Km./h. Un mes después la disposición fue archivada en el baúl de los recuerdos. Hoy sigue vigente pero tanto para el policía como para el conductor, la medida pasó de moda. Nadie respeta esta ley y a nadie más le multaron por violarla.

Ruga la Tortuga llevó en su barriguita un cargamento de cocaína a Italia. Pataleamos, nos pusimos de cabeza, insultamos y ahora resulta que en Italia están presos los implicados y en el Ecuador colorín colorado este cuento se ha acabado. La bandida tortuguita, por sus propios medios porque no hay más implicados, se comió esa cocaína y nadie puede probar lo contrario… El tema, gracias a la noticia del Papa Francisco I, a la muerte de mi Comandante Chávez, a la casi clasificación al mundial y al matrimonio de Estefani Espín, ya pasó de moda.

El control de las llantas de los buses en los terminales interprovinciales tiene una suerte parecida. Créanme que he llegado a desear otro volcamiento con decenas de muertos porque los terminales terrestres sin policías esmerados y vigilantes se ven casi vacíos, sombríos y tristes. Es bonito ver como el día después de un accidente, ellos salen bien vestidos y peinados para las fotos de prensa, y serios como debe ser, revisan una a una las llantas de todas las unidades de transporte. ¡Qué nostalgia! Pero como no ha habido accidentes… pasó de moda.

Escribo desde la frustración de ser solo un ciudadano.




1 comentario:

Julio dijo...

Entre modas y leyes con susto que trafiquen droga dentro de una tortuga, de choque que no te guste usar un chaleco a quien le guste usar un estereotipo de acuerdo con el alaraque para que nos oigan pero y que propones.

Matías Dávila 2010, Todos los derechos reservados. Quito - Ecuador - Suramérica